La Crónica de León
El Ocaso del Maligno
La actualidad leonesa nos recuerda que esta tierra de mitos, leyendas, de costumbres y de historia, da ejemplos por doquier que nos demuestran que la realidad cotidiana nos evoca las mayores hazañas y gestas de los leoneses.
Pensemos por ejemplo, en aquellos primeros habitantes de esta tierra cercados por los romanos. Pensemos en cómo se sintieron los leoneses cuando León fue vencido por Castilla y se nos imponen gobernantes no deseados, nocivos para el pueblo y que, aun habiendo nacido en esta tierra, se jactaban de despreciar nuestras señas de identidad. Pensemos en monasterios, en templos del saber, y avancemos en la delgada linea que separa la historia real contemporánea de una epopeya que nos evoca el despotismo iletrado, el servilismo claudicante ante el que se deseaba fuera su amo en valle de lides, y en la ausencia manifiesta de un mínimo don para gestionar recursos e intereses colectivos.
Pensemos en tiempos remotos en los que, como ahora, regían las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia sobre los perniciosos que pueden ser los pecados capitales; y en aquellos que lo acumulan todos para infligir las máximas penas a quienes no acepten la voluntad del lado oscuro.
Pensemos en tiempos que tocan a su fin. En tiempos aún difíciles, donde los coletazos de la bestia moribunda, exhalando fuego por la boca, intentan destruir las casas de los labriegos, dejarlos sin techo y sin grano para intentar que la noche de la bestia se prolongue hasta su último aliento. Son tiempos en que la bestia se retuerce abandonada a su suerte, herida de muerte y siendo consciente de su desdicha final, queriendo destruir todos los poblados asesinar a los campesinos y dar muerte a los propios señores feudales que no le loaron. No comprende cómo un ser antaño poderoso puede acabar sus días hundido en el fango. No comprende cómo alguien que ha manejado a su antojo y se ha codeado con señores poderosos ha debido implorar sin éxito un destierro para cazar mariposas allende los mares. Solo, abandonado por los suyos y despreciado por todos, el tirano cae y muere. Y el reino del saber, por fin, comienza a ver la luz después de años de oscuridad y de penas.
Abel Pardo Fernández, Secretariu Xeneral de Conceyu Xoven
La Crónica de León. Abril y 21, 2008 |