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El Mundo - La Crónica

Cerebro, corazón y País Leonés

Esta semana los leoneses hemos visto cómo nuevamente se nos hurtaba la posibilidad de desarrollarnos económica, cultural y administrativamente. La aprobación del nuevo estatuto de autonomía por parte de las Cortes Autonómicas ha supuesto, veintitrés años después, que los leoneses debemos seguir soportando una administración ilógica, antieconómica, demostradamente fracasada, y que supone un serio obstáculo a cualquier propuesta seria para el progreso de nuestra tierra.

Frente a ello, los procuradores autonómicos de los partidos sucursalistas no tuvieron reparo alguno en aprobar un texto que atentaba directamente contra cualquier mínimo criterio de lo que una administración debe ser. La Comunidad Autónoma de Castilla y León no tiene ningún sentido como tal, no sirve para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, no es un elemento útil para el desarrollo económico, no acerca la administración, es un fracaso como gestión pública, y por si ello fuera poco, no resuelve la necesidad de autogobierno de ningún territorio, sino al contrario, en el caso leonés, la impide.

Frente a ello, los leoneses seguimos protestando con datos encima de la mesa, con números; con sentido común. Numerosos ayuntamientos del País Leonés y la Diputación de León han aprobado mociones que solicitaban la creación de una autonomía leonesa. Se hicieron oídos sordos. Posteriormente se aprobó la solicitud de un referéndum: idéntico resultado. En esta ocasión, se ha rebajado el nivel de requerimiento a un mínimo tal como pedir que en el nuevo estatuto figure la posibilidad de que los leoneses podamos ser iguales a otros territorios del Estado y organizar nuestra propia administración para gestionar nuestros recursos. Algo lógico, comprensible y democrático. Y cuando algo tan simple, en lo que todos estamos de acuerdo, que es posibilitar que democráticamente las cosas puedan volver a su cauce normal, a que los leoneses recuperemos nuestro autogobierno, se han esgrimido razones «de peso» como que el corazón y el cerebro están enfrentados para argumentar una abstención.

Ante tan imponente argumento, no podemos sino esgrimir que «el corazón» respondería muy a las claras en un referéndum simple: es usted partidario de la creación de una Comunidad Autónoma Leonesa sí o no. Los legisladores lo tienen fácil, y para responder a este argumento cardiaco nada mejor que haber apoyado la moción de la UPL: que el pueblo decida, y que se articulen las vías para ello.

Tema cerebral: el fracaso estrepitoso de la CA de Castilla y León es tal que hasta un cerebro poco desarrollado, como el de la mosca del vinagre, sabe que cualquier estadística, trabajo de Enseñanza Primaria, o análisis independiente con un mínimo de rigor, despejaría la duda sobre lo que el cerebro sugiere para con esta comunidad autónoma: disolverla.

Y con datos en la mano, todos sabemos que el Reino de León debería contabilizar, de facto, el 42% del presupuesto autonómico general por población y por territorio, como por activa y por pasiva defendemos los leonesistas y la justicia distributiva. El presupuesto de la Comunidad Autónoma será este año de nueve mil seiscientos millones de euros, que traducido a pesetas, como ya dijimos en su ocasión, es más de un billón y medio. La regla fácil es que el 42% de ese presupuesto debería corresponderle al País Leonés, es decir, unos de 675.000 millones de pesetas. A ello, habría que unirle los fondos europeos que los leoneses perderemos por estar unidos a Castilla (no menos de ciento cincuenta mil millones de pesetas en total). Dividiendo ese dinero entre los leoneses, estar unidos a Castilla nos cuesta no menos de 750.000 pesetas por leonés y por año, mientras la Junta «generosamente» invertirá 100.000 millones provincializados en las tres provincias leonesas.

Y frente a ello, frente a los datos, frente a que León pierde población activa, pierde potencial económico, pierde poder adquisitivo, pierde calidad de vida, pierde habitantes, envejece su población, desciende en media de calidad de servicios, pierde potencial exportador, pierde capacidad de autogobierno, carece de posibilidades reales de gestión de recursos, carece de poder de toma de decisiones sobre los asuntos que le afectan, ve cómo las provincias que compiten directamente contra nuestra tierra se ven potenciadas con nuestros recursos; frente a todo esto, me quedo con las ganas de conocer en qué consiste esa lucha entre el corazón y el cerebro que tenía cierto portavoz político en una diputación leonesa.

Porque hasta el cerebro de la mosca del vinagre sabe que mantener en el tiempo una Comunidad Autónoma de Castilla y León, que día a día se demuestra como el gran fracaso de la España de las autonomías, además de perjudicar gravemente nuestros intereses económicos, culturales y sociales, supone un terrible lastre para nuestro desarrollo como pueblo, y una merma en nuestros derechos como ciudadanos. Por ello, el cerebro no puede tener lugar a la duda. Acaso fue el corazón de alguno lo que falló.


Abel Pardo Fernández, doctorando en Integración y Desarrollo Económico y Territorial

El Mundo – La Crónica. Diciembre y 7



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