El Mundo - La Crónica
Los progresistas y la autonomía leonesa
A comienzos de la década de los ochenta, algunos intelectuales progresistas, buena parte de su clase política, y no muchos de sus votantes, apostaban por una comunidad autónoma fuerte en el centro-norte de la península. Su objetivo era claro: unido al tradicional «que sirviera de contrapeso a los nacionalismos periféricos», la idea planteada tenía como fin en sí misma el evitar que la derecha «rancia y caciquil» gobernara estos territorios.
Más de veinte años después, los nacionalismos periféricos son más fuertes, sus autonomías tienen una capacidad de autogobierno sin precedentes, el centro-norte peninsular no pinta nada en el conjunto del Estado, y la «derecha caciquil» repite mayoría absoluta tras mayoría absoluta. Como se ve, todo un éxito de los avispados estrategas progresistas de la década de los ochenta.
Con todos estos antecedentes, los socialistas de Castilla y León de nuestros días podrían haber tomado buena nota y aprender de sus errores anteriores. Podrían haberse plantado, haber dicho que bastaba ya de experimentos fracasados y de que era la hora de vislumbrar un nuevo futuro para estas tierras. Sorprendentemente, y contra toda lógica, el PSCyL ha realizado una propuesta de reforma de estatuto que es... más de lo mismo, pactada con la derecha «rancia y caciquil». Brillante. Y mientras tanto, la posición del PP, cómodamente repartiendo cargos entre su militancia, gestionando según sus intereses de partido, y potenciando un espacio económico centrado en el eje Valladolid-Palencia es perfectamente comprensible, puesto que sirve a sus intereses. Por ello, la postura del PSCyL es cuanto menos sorprendente y en no pocos casos, rayante a la contradicción en sí misma.
¿Cómo justificar por parte del PSCyL que la actual comunidad autónoma debe seguir siendo un marco administrativo de referencia, en el ámbito económico, cuando es necesario plantear por parte del PSOE que el País Leonés necesita un Plan Oeste? ¿Cómo justificar una forzada unidad educativa, cuando los libros de texto son manipulados y sectarios, el modelo no se adapta a nuestra realidad, y nuestros alumnos tienen una menor formación al finalizar sus estudios que los gallegos o asturianos? ¿Cómo justificar una forzada unidad cultural, cuando el propio PSCyL plantea crear un órgano para gestionar estas materias en territorio leonés porque la Junta ignora, oculta y desprecia nuestras señas como pueblo, y cuando el PSL firmó en defensa de la identidad y la cultura leonesa? ¿Cómo justificar un marco industrial único, cuando el propio PSL reconoce y denuncia que Boecillo es un freno para el desarrollo del País Leonés, que no existe un plan de reindustrialización de las cuencas mineras acorde a nuestras necesidades, o simplemente, que la «derecha rancia y caciquil» planea una sociedad sumisa centrada en sector servicios? ¿Cómo justificar que Castilla y León debe seguir siendo una autonomía «fuerte», cuando Zamora es la provincia que ocupa la cola del desarrollo estatal, cuando Salamanca y León han caído en niveles de población activa, de nivel de desarrollo y de calidad de vida, y cuando hoy somos bastante más pobres en términos económicos que hace veinte años? ¿Cómo justificar, en definitiva que Castilla y León debe seguir siendo una sola autonomía, cuando todos sabemos que si fueran dos, funcionarían mejor?
Y es que la única razón que se puede plantear para que los socialistas castellanoleoneses sigan persistiendo en el error, en mantener posiciones indefendibles, en caer en la contradicción entre lo que se piensa y lo que se propone, es creer que aquellos «avispados estrategas» de la década de los ochenta, sigan guiando los designios de este partido.
En este caso, los socialistas leoneses, aquéllos que han sabido gestionar una histórica victoria llevando a un progresista a la Alcaldía leonesa, aquéllos que han compartido responsabilidades con los leonesistas apostando por un modelo de desarrollo para este país en el campo juvenil, aquéllos que nunca han tenido reparos en intentar cambiar el modelo, porque el modelo no tiene errores, sino que el error es el modelo, deben levantar la voz. Deben levantar la voz porque esta reforma estatutaria, esta oportunidad de que los leoneses recuperemos parte de nuestra dignidad a través de un órgano de autogobierno, puede tardar otros veinte años en volver, y todos lo sabemos.
Desde Conceyu Xoven, y posteriormente desde la UPL, hemos planteado la creación de un Consejo General del Reino de León, que manteniendo transitoriamente el marco administrativo, gestione nuestros recursos y nos permita autogobernarnos, abriendo una puerta al progreso y al futuro. Un progresista, aunque milite en un partido estatal, no puede, no debe justificar la persistencia en el error por miedo al futuro, por miedo al cambio.
Porque ésta es la hora del cambio, la hora del futuro, la hora del progreso; en definitiva, es la hora del País Leonés.
Abel Pardo Fernández, doctorando en Integración y Desarrollo Económico y Territorial
El Mundo – La Crónica. Noviembre y 7
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