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El Mundo - La Crónica

La importancia de avanzar

En el ámbito político leonesista nos hemos encontrado con un objetivo ambicioso, un camino sin trazar, y una carencia absoluta de objetivos, plazos y metas que nos acerquen a la consecución de aquello por lo que luchamos. Por estas razones, no es raro que numerosos leonesistas hayan arrojado la toalla mientras el resto daban vueltas alrededor del mismo camino, retornando siempre al punto de partida.

Hoy León es menos León que cuando empezó el proceso autonómico. Día a día la Junta ha ido avanzando en la desleonesización territorial y de las personas, a las que se somete a un tratamiento de adoctrinamiento y aculturización que desemboca en la castellanización o incluso la galleguización, fomentada desde las instancias vallisoletanas con tal de que nuestro sentimiento de pertenencia a un pueblo diferenciado disminuya como sea.

Frente a ello, el leonesismo no ha sido capaz de lograr que el poder político alcanzado en las instituciones sirviera de respuesta a estas políticas, sino que se han aparcado por falta de voluntad, por falta de capacidad, o simplemente por la carencia absoluta de un proyecto que indicara cuál es el camino a seguir.

Por ello, y teniendo claro que el objetivo de cualquier leonesista ha de ser el que nuestro pueblo sea sujeto de su propio destino, no podemos olvidar que no vivimos en un entorno imparcial, sino que existen agentes modificadores de la situación actual que operan, en no pocos casos con bastante eficacia, como verdaderos puntales del proceso de sustitución cultural al que nos estamos viendo sometidos.

Es necesario, por tanto, tener claro quiénes están a favor de que los leoneses podamos ser los sujetos activos de nuestro futuro y quiénes están a favor de que las decisiones sobre aquello que nos afecta se tomen desde el exterior. Pero también es necesario que tengamos en cuenta que existen fuerzas que a priori debieran ser ajenas y negarse a la colaboración con estas decisiones exclusivamente políticas, que se han convertido en auténticos látigos de nuestra personalidad cultural, sirviendo por tanto de agentes colaboradores del proceso de aculturización que sufrimos.

Los leonesistas podemos y debemos denunciar todas y cada una de estas situaciones, puesto que aquéllos que se basan en la «apoliticidad» de sus objetivos para ser los más políticos, no son sino una prolongación más de los tentáculos cuya cabeza se sitúa en la ribera del Pisuerga.

Hemos de clarificar nuestros objetivos como leonesistas. Es también necesario que cuando los condicionantes externos nos lo permiten, no dejar en saco roto este tipo de posibilidades, sino aprovechar las circunstancias para avanzar. Por esta razón es también necesario conocer los pasos intermedios, porque caminar hacia la autonomía, hacia el autogobierno, requiere de pasos intermedios, de estrategias para sortear las dificultades, y de distintas escalas de grises en las que no todo es o blanco o negro.

Es por esta razón por la que el leonesismo tradicionalmente no ha sabido salir de su situación inicial de partida, mientras la estructura de la Junta de Castilla y León día a día se ha ido imponiendo, día a día ha copado competencias, ha copado espacio social, ha ganado peso frente a la ideosincracia leonesa. Con la colaboración de aquéllos a quien esta circunstancia beneficia, con la indiferencia de los más, y con el pataleo de quienes se resisten a que esta maquinaria continúe el proceso de aculturización y desmantelamiento del país de los leoneses.

Ganar metas intermedias es imprescindible. Lograr que nuestras instituciones, sean cual sean, ganen competencias es fundamental. Conseguir que las organizaciones, colectivos, grupos, medios de comunicación, sistemas de distribución, sindicatos, partidos políticos y organizaciones empresariales defiendan un modelo interno de organización y gestión leonés es clave, mientras nadie pone en tela de juicio la territorialidad de territorios vecinos, como Galicia o Extremadura, sí se pone en tela de juicio nuestra territorialidad, no existiendo elementos de cohesión interna de la misma.

Y es aquí donde los leoneses tenemos una factura pendiente, puesto que hemos de reivindicar en todos los campos un modelo de territorialidad leonesa para nuestros colectivos. Hemos de volver a dibujar la línea de nuestro territorio en todos aquellos organismos en los que estemos presentes, hemos de situar al País Leonés en todos los mapas, empezando por aquellos en los que tenemos tal posibilidad, hemos de lograr algo tan sencillo como aparecer en el mapa del tiempo, ese mapa para el que la realidad de nuestro pueblo no existe.

Por ello hemos de obtener victorias parciales. Por ello hemos de lograr objetivos intermedios. Por ello sí es necesario avanzar. Avanzar en la unidad territorial, avanzar en el reconocimiento de nuestros derechos lingüísticos, avanzar en nuestros derechos a gobernarnos. Sólo así lograremos completar nuestro objetivo; logrando que poco a poco se cumplan las metas parciales.

Abel Pardo Fernández, Máster Universitario en Sociedad de la Información y el Conocimiento

El Mundo - La Crónica. Xullu y 21, 2007



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